El casi accidente que nadie anota: los datos que faltan para prever un choque + test

Una joven circula en patinete electrico por un carril del campus
Una joven circula en patinete electrico por un carril del campus

Una bicicleta, un patinete eléctrico y un trayecto corto hasta la facultad: para buena parte del alumnado eso es la rutina de cada día. El coche que pasa al lado lleva airbags, ABS y sensores de todo tipo; quien va sobre dos ruedas no lleva casi nada. El proyecto europeo SOTERIA partió de esa asimetría y de una idea incómoda: contar accidentes cuando ya han ocurrido llega tarde. Mejor mirar los sustos que no acaban en parte médico — y, de paso, ver cuánto tiene el lector de futuro analista de movilidad urbana.

Índice

⇑La micromovilidad llegó a las ciudades antes que las reglas

Bicicletas, patinetes eléctricos y otras formas de micromovilidad se han vuelto habituales en el entorno urbano. El cambio fue rápido y la calle no siempre lo acompañó: carriles pensados para coches, aceras compartidas a regañadientes, cruces donde nadie sabe muy bien quién tiene prioridad. La diferencia de fondo, sin embargo, es otra. Un automóvil moderno rodea a quien va dentro de tecnología de seguridad avanzada; quien pedalea o va de pie sobre un patinete no dispone de protecciones equivalentes. Ese desequilibrio es el punto de partida del proyecto europeo SOTERIA.

⇑La visión cero y el límite de contar accidentes

La Unión Europea trabaja con una estrategia conocida como Visión Cero: acercar a cero las muertes en carretera para 2050. El objetivo es rotundo y obliga a cambiar de método. Las estadísticas de siniestros describen lo que ya ocurrió, con heridos y expedientes de por medio; sirven para repartir recursos, no para evitar el golpe siguiente. SOTERIA propuso otra vía: combinar datos de movilidad, de infraestructuras y de comportamiento para detectar los riesgos antes de que se produzcan colisiones. El proyecto, financiado por la UE con el acuerdo 101077433, tiene un coste total de 3.319.325,01 euros y una aportación comunitaria de 3.319.325,00 euros. Arrancó el 1 de noviembre de 2022, termina el 30 de abril de 2026 y está coordinado por NETCOMPANY S.A., en Luxemburgo.

⇑Los cuasiaccidentes, la pieza que casi nunca se anota

Un frenazo seco, un volantazo, un espejo retrovisor que pasa a un palmo: nada de eso deja rastro administrativo. El equipo del proyecto analizó documentos estratégicos e informes de accidentes, pero también recopiló de forma sistemática información sobre cuasiaccidentes mediante equipos de sensores y cámaras inteligentes. Marina Georgiou, de Netcompany en Luxemburgo, lo explica así: «Los cuasiaccidentes suelen ser la pieza que falta, porque permiten detectar situaciones peligrosas antes de que desemboquen en colisiones graves».

A esos registros se sumaron seminarios abiertos en los que los propios usuarios contaban lo que les pasa por la calle. De ahí salieron necesidades poco previsibles: «Por ejemplo, una empresa de reparto buscaba formas de proteger mejor a sus empleados», señala Georgiou. Es decir, el riesgo urbano no es solo cosa de quien va a clase; también es una cuestión laboral para quien se gana el sueldo en bicicleta.

⇑Cuatro laboratorios vivientes, cuatro ciudades distintas

Los enfoques se validaron en cuatro laboratorios vivientes elegidos por contraste. Madrid aportó el entorno metropolitano denso, y allí se probó un prototipo digital junto a la policía local. Sajonia permitió mezclar contextos urbanos y rurales. Oxford, ciudad universitaria con mucho transporte activo, sirvió para recopilar datos sobre la seguridad de quienes circulan en bicicleta. La Canea e Igumenitsa añadieron los desafíos del turismo estacional, cuando la población que se mueve por la ciudad se multiplica de golpe.

⇑Lo que se repetía en todas las localizaciones

Los cuatro laboratorios partían de realidades muy distintas y, aun así, los diagnósticos se parecieron bastante. Estos fueron los problemas que aparecieron una y otra vez:

  • falta de carriles bici bien delimitados;
  • mal estado del pavimento;
  • insuficiencia del alumbrado público;
  • deficiencias de señalización;
  • problemas de accesibilidad.

Ninguno resulta espectacular por separado. Juntos explican buena parte de los sustos diarios.

⇑Qué ha salido de ahí: datos, herramientas y vecinos que avisan

El proyecto integró fuentes de datos y desarrolló herramientas basadas en inteligencia artificial, sistemas de detección de cuasiaccidentes y planificación de rutas seguras. Traducido a una aplicación, eso significa poder elegir un camino menos expuesto, recibir un empujón hacia hábitos más prudentes y, sobre todo, notificar un peligro concreto: el socavón, la farola apagada, el cruce sin visibilidad. La parte menos vistosa es la que puede durar más: SOTERIA ofrece orientaciones sobre seguridad vial preventiva, gobernanza de datos, participación de las partes interesadas y elaboración de políticas. También recoge medidas al alcance de las autoridades, desde la mejora integral de las infraestructuras hasta campañas de sensibilización.

⇑En resumen

La seguridad vial está pasando de ser un recuento de víctimas a ser un trabajo con datos: sensores, cámaras, avisos de los vecinos y modelos que señalan el punto negro antes del accidente. Para quien estudia ingeniería, urbanismo, informática o ciencia de datos, ahí hay un terreno profesional que apenas existía como tal. Y para quien simplemente cruza la ciudad en patinete, la lectura es más sencilla: ese susto de ayer era información que nadie recogió.

⇑Cinco preguntas: ¿cómo te mueves por la ciudad? (test)

5 preguntas · un minuto · sin guardar nada

1. Cuando eliges la ruta hacia clase, te guías por...

2. Cuando te has librado por poco de un choque, piensas:

3. Un socavón en tu trayecto habitual es...

4. Los datos que una aplicación recoge sobre cómo te desplazas te parecen...

5. ¿Qué te empujaría a dedicarte a la ciudad y el transporte?


publié: 2026-09-18
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